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Los juegos del hambre

Una película recientemente estrenada, habla de una sociedad del futuro luego de la destrucción de la misma por el propio hombre, que es digitada por un grupo que disfruta de las riquezas, y por medios tecnológicos de avanzada manipula la voluntad y las vidas del pueblo común, mediante una herramienta terrorífica “EL HAMBRE “.-
Esta historia que responde a la novela escrita por la autora Suzanne Collins, propone muchas analogías con lo que hoy nos pasa a los argentinos.
El hambre es el elemento de presión para que 24 víctimas luchen por la vida, matando al resto de los competidores y el sobreviviente permita que su distrito siga manteniendo las dádivas del estado y no corran riegos sus conciudadanos. Claro que estos últimos viven en la miseria, controlados por chips y otros elementos que permiten al “gobierno” mirarlos, vigilarlos, inducirlos a hacer lo que este quiera.
La competencia por la vida basada en el hambre, despierta en los contendientes las más terribles miserias humanas, las alianzas más deplorables por la supervivencia, las deslealtades más despreciables, que son por supuesto fomentadas por el estado controlador.
Es el hambre el que gobierna las decisiones, el que coloca de rodillas a los hombres con tal de obtener un poco de comida, y los pone ante la decisión de elegir entre lo justo o lo conveniente, llegando a los extremos de matar y traicionar a los amigos.
Cuando el estado que controla, nota que se forma alguna unión con voluntad de enfrentar el hambre y luchar por sus derechos con valentía y honor; con sus instrumentos tecnológicos los divide, y los mata.
Puede verse en el hambre de la novela, la presión tributaria actual, la vigilancia de los medios del estado, la justicia tuerta o ciega, la iniquidad en la distribución de las riquezas en manos de los políticos y amigos, la elección de los jueces, las leyes destructoras de la familia, la presión económica, el cepo financiero, las escuchas, los gritos presidenciales, etc.
Por suerte, y como esperanza para los hechos reales, en la novela, alguien le hizo frente al hambre y sus generadores, y ¡ y los venció!.
Abramos los ojos .

Dr. Juan Aicega


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