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Londres 2012: el camino hacia Río 2016

La delegación argentina en los Juegos Olímpicos comenzó a cosechar sus frutos. En materia de medallas, todavía no, pero al menos dio un gran paso: instalarse en las etapas definitivas. Primero en anillas, luego en remo y recientemente en lanzamiento de bala. Tres disciplinas que, en la previa, no estaban en los papeles.
¿Cómo se ganan las medallas? Llegando a las finales. Tan fácil de explicar cómo difícil de cumplir. Por eso la felicidad de Fernando Molinari, la dupla Ariel Suárez-Cristian Rosso (éste último un marplatense que entrenaba en una lamentable pista de Laguna de los Padres) y Germán Lauro. Quienes, hasta el momento, demostraron que se puede luchar desde abajo. Dejando atrás, quizás, terribles dificultades para sostener el sueño olímpico. Ese que no sabe de miedos ni de imposibles.
Entonces, en el medio de una sociedad futbolera (NdR: increíblemente no clasificó a los Juegos), que se mezcla con el enorme avance del básquet, el hockey femenino y el tenis, resulta por demás satisfactorio que sean otros los deportes que se comienzan a codear con los mejores del mundo.
Pero la palabra fracaso siempre está presente. Late en cada uno de nosotros. Para muchos, no sirve salir segundo. Entonces, la crítica se vuelve muy burda, lastima e imposibilita hacer foco más allá de la línea media. Ahí se entra en un ambiente de mediocridad, fácil de ubicarse en él. Pero esta columna no se encasilla en esa dirección, al contrario.
Hoy por hoy, y desde hace muchos años, Argentina no es potencia en materia deportiva. Lo es en determinadas especialidades, como el fútbol, básquet y tenis. Nada más. A los que se suman algunos referentes específicos, como también los que van surgiendo de a poco, que igualmente sufren las dificultades del oficio y la práctica diaria. Por ejemplo, el marplatense Juan Curuchet, medalla de oro en la prueba Americana de Ciclismo en Pekín 2008 (junto a Walter Pérez) o Paula Pareto (judo), bronce en el mismo certamen.
La política deportiva que se exige y hace falta para, al menos, comenzar a pisar más fuerte, hace rato no aparecía en nuestro país. Desde la época de Juan Domingo Perón, allá por los años 50. Ahora, con la creación del ENARD (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo; comenzó a funcionar en agosto del 2010), la historia tiende a revertirse.
Argentina ya dio un gran paso en los pasados Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, donde la delegación nacional cosechó 21 medallas de oro, 18 de plata y 35 de bronce (NdR: 74 en total). Un número por demás valioso, superando las 59 (11 de oro, 15 de plata y 33 de bronce) de Río de Janeiro 2007. Dejando en claro un paulatino crecimiento con el correr de los años.
Por todo lo expuesto, se denota una mejora. Claro, en líneas generales, porque siempre hay cuestiones por corregir. Y más allá de lo que signifique Londres 2012, las propias autoridades del deporte argentino explicaron un hecho particular: la meta es Río de Janeiro 2016. Entonces, estos Juegos Olímpicos significan el paso previo a una competencia que posiblemente arrojará otros resultados. Porque todo se construye de a poco, nada es de golpe. Siempre se empieza desde abajo y con los pies sobre la tierra.


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