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Lo sencillo conduce al éxito

La difusión globalizada, la cultura que desencadena el consumo, la manipulación de los seudo economistas, ciertos consultores en todos los campos y otros factores, en la búsqueda de resultados, nos han hecho creer que la receta sofisticada es la que puede llevarnos al éxito, al cambio. De allí la convivencia, que hemos tenido particularmente en el Estado, de estudios y planes que nos "llenaron de ilusión", pero que -salvo excepciones- nos sumaron nuevas cuotas de problemas.
Años atrás, el diario "Washington Post" advertía en un editorial: "La ambición de los economistas les ha llevado a crear complejas soluciones matemáticas para los problemas teóricos que deben ser entendibles, que pese a su elegante formulación nunca resuelven los problemas sociales".
Un pueblo como el argentino, con una predominante descendencia italiana, que ha traído por consecuencia un enraizamiento de perfiles, bondades y defectos del país del "Dante", es conducido por políticos y economistas que nunca se han detenido a mirar cómo resuelven desde Roma las contrariedades o los aciertos de la península itálica. Lo simple y lo sensato sería eso, pero... terminamos siendo los tontos -o los sucios- que buscamos las recetas de otros que culturalmente no tienen nada que ver, aunque "dan más estatus"....
La última publicación de Jack Trout, más que un "gurú" del marketing, un sensato pensador, laborioso y brillante crítico, en los modernos temas del marketing estratégico, hace un nuevo aporte a través de su libro "El poder de lo simple". Allí nos recuerda "que hay demasiada gente dedicada a complicar las cosas y la forma de combatir esto en esa complejidad poco conducente es simplificarlas, poner la adecuada luz sobre las mismas, la transparencia, para que todos, o la mayor parte, puedan ver y llegar a entender las propuestas y las técnicas que las harán posible". Sugiere aprender de "El Principito": "Lo esencial es invisible a los ojos".
Trout nos recuerda que para el Diccionario Español, "simple": "es lo sencillo, sin complicaciones ni dificultades".
Desde Galileo a Einstein, pasando por Copérnico o Newton, todos han sido casi obsesionados por la simplicidad. La Biblia, nos subraya: "Bienaventurados los sencillos porque tendrán mucha paz".
El verdadero problema es que particularmente los que no tienen seguridad o la adecuada profesionalidad sobre lo que transmiten (en lo verbal o escrito), buscan lo sofisticado de las expresiones o de las soluciones, para que parezcan surgidas de seres originales o importantes. (Como dice un humorista argentino, los que hacen o viven de la confusión general...)
La Institución Turística de Argentina, tanto en lo Nacional como en las Provincias y Municipios, como mejor ha funcionado, es a través de lo simple. Un Organismo, que dependiendo del que decide: Presidente, Gobernador o Intendente, que ayuda en el si, conducente. Y los fondos que se le asignan a estas redituables inversiones, se las deposita en una cuenta de decisiones mixtas. Ejercitando la democracia desde lo participativo.
Los inventores de miles de palabras raras: Agencias, Empresas del Estado, etc. Etc. Son por lo general INSEGUROS, que al no saber como acertar, toman el “atajo” de ocurrencias sin sentido o recetas, que terminan en fracasos.
Argentina desde Manrique a Mayorga, y de Lombardi a Meyer, ha tenido una brillante continuidad, gracias al esquema simple y eficiente, que hoy esta plasmado en la Ley Nº 25.997/05
La idea cartesiana de que "cualquier ciencia debe resultar sabiduría cierta y evidente" y de que "hay que rechazar cualquier conocimiento que sólo sea probable", este enfoque se adueñó de muchas mentes, confundidas.
En nuestro siglo, esta actitud de utilizar los métodos y teorías de la física clásica ha creado mucha complejidad y confusión; especialmente en todo lo que tiene que ver con las ciencias sociales, aquellas que se ocupan de las cosas relacionadas con las personas: el turismo es la más creciente de ellas. Y las empresas y los mercados no son otra cosa que conjuntos de personas físicas, es decir individuos de la especie humana. De esta forma, los estudiosos de las ciencias sociales se han esforzado, para ganar respetabilidad, en adoptar el paradigma cartesiano y los métodos de la física newtoniana para todas sus explicaciones.
Este es el defecto más grave, según Trout, de quienes se dedican al estudio de los fenómenos socioeconómicos (caso turismo), entre los que naturalmente hay que incluir la actividad de las empresas en su relación con los clientes. La relevancia de lo humano, sobre lo frío industrial.
Por lo general, muchos de esos estudiosos (exceptuando los verdaderos profesionales que lo son porque cubrieron lo académico y los trabajos concurrentes) son los que dicen como se hace, porque lo experimentaron. No por presuntas aproximaciones, de teóricos, que nunca pagan los fracasos.
Se aplican principios puramente mecánicos a algo que hay que analizar con perspectiva orgánica, holística y ecológica. No se trata de un conjunto de maquinarias que trabajan en paralelo, sino de unidades indivisibles y dinámicas, cuyas partes están totalmente interrelacionadas y sólo pueden entenderse como modelos integrales. Luego de muchos años se volvió a reivindicar el planeamiento participativo como el único conducente a recetas, que por surgir debajo hacia arriba de esquemas simples en la resolución de los "diferentes pasos", son defendidas y se instalan como políticas de la gente, de un Estado constituido por gobernantes que saben que se deben a esa "gente", que constituyen el verdadero y perdurable "Estado".


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